
SOLICITA CATÁLOGO DE PELICULAS (700)
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CINE Y EDUCACIÓN EN VALORES:
UN PROBLEMA DE ESTUDIO EN PEDAGOGÍA
LA RELEVANCIA DEL CINE EN LA EDUCACIÓN
[1]Una de las intenciones principales que están a la base de este artículo es resaltar la importancia del cine para la educación. Si el cine tiene una influencia innegable en la vida de los adultos de nuestras sociedades, esta influencia crece a medida que va descendiendo la edad. El cine, por su enorme capacidad comunicativa, condiciona, impresiona, conmueve a la mayoría de las personas que aceptan exponerse a su trascendencia. Pero la actual infancia y juventud ha nacido en un mundo fundamentalmente audiovisual que a través de la televisión ha sido su ecosistema, su medio ambiente. A pocas cosas, quizás a ninguna, le han dedicado tanto tiempo, tanta atención, tanto interés. Con frecuencia, la omnipresencia de lo audiovisual en nuestra actual civilización se ve como algo negativo por parte de quienes, especialmente en el sistema educativo, consideran que es la palabra, en lugar de la imagen, el camino que ha de facilitar el pensamiento y la reflexión. Pero nosotros queremos reconocer, en primer lugar, que lo audiovisual es el medio en el que han crecido los actuales niños y jóvenes; en segundo lugar, que el cine ofrece una posibilidad de superar el aislamiento y las limitaciones en las que se desenvuelven la vida de muchos niños actuales, abriéndoles una ventana a otros mundos reales o imaginados; y, en tercer lugar, que el cine ofrece al educador la oportunidad de preparar a la niñez y juventud para el mundo en el que han de vivir; de hacer presente en la educación casi todo lo que existe en ese mundo a través de su representación cinematográfica; de servirse del cine para abordar de una forma viva la educación en valores; y, sobre todo, de aprovechar el cine, por su conexión con la emoción, con el sentimiento, con la belleza, con el arte, para no olvidar que la educación ha de ser integral, que la meta de la educación es la persona total, como un todo en el que se engloban todas sus facetas. (Colectivo Drac Mágic,1995, 8-9; Corominas, 1999; Martínez y Bujons, 2001; Ortigosa, 2002, 167-168)
1.1. Cómo entender el cine desde la educación
El testimonio que reproducimos de Scorsese nos parece más contundente que la mejor argumentación que pudiésemos construir:
”En realidad, es el recuerdo de la sala de cine en sí misma la que viene a mi mente. Recuerdo que de niño me llevaban al cine mi padre, mi madre o mi hermano y que mi primera sensación fue la de penetrar en un mundo mágico: la alfombra mullida, el olor a palomitas de maíz frescas, la oscuridad, la sensación de seguridad y sobre todo de estar en un santuario: todas estas cosas evocan en mi memoria una iglesia. Un mundo de sueños. Un lugar que provocaba y agrandaba nuestra imaginación”. (Scorsese, 2000, 49)
Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad hacia la infancia y hacia la educación, tendrá que rendirse ante el enorme valor del cine en el mundo infantil. Por eso, apoyándonos en esas palabras y en cuanto hemos ido expresando en líneas anteriores, se entenderá que no admitamos que los educadores exhibamos la ignorancia o la desconsideración como actitudes adecuadas ante el cine. Consideramos que son otras actitudes las que impone la lógica: comprender el cine, valorar el cine, aprovechar el cine, amar – temer – combatir el cine. Y creemos que explican nuestra postura algunas notas del cine que quisiéramos brevemente exponer. (Furter, 2002, 93-103; Tarkovski, 2002, 81)
En nuestra época, estamos tan acostumbrados a comprobar grandes evoluciones y transformaciones en un espacio breve de tiempo que podemos no concederle la importancia que el cine se merece en nuestra sociedad. Hace ya algo más de cien años, surgió con la apariencia de ser no más que una mera distracción de barraca de feria, algo curioso que se apoyaba en algún tipo de técnica entre hábil y engañosa con la que sorprender y seducir a personas sencillas, sugestionables, poco formadas (Gubern, 1995; Morin, 1961; Reimer, 1991; Richmond, 1991). En este sentido, al cine le costó superar los prejuicios de las personas cultas, desconfiadas con respecto a lo popular, que mantenían sus preferencias hacia la literatura y las artes ya consagradas, mientras que veían las películas como un mero pasatiempo intranscendente, sin valor formativo ni cultural. El cambio que se ha operado desde aquellos comienzos ha sido espectacular y la autoridad de Arnold Hauser (1985, 289-293) nos permite calificar al cine como un arte que por primera vez llega a ser plenamente social. En efecto, el cine ha demostrado la capacidad del arte –y precisamente por ser arte– para llegar a toda la población, al margen de su formación o edad y en las más diversas latitudes y culturas del planeta. A no ser que estemos dispuestos a prescindir del fenómeno más importante y compartido de nuestra cultura, no se puede hablar de la peculiar del siglo XX, –y todo hace pensar que en el presente siglo no cambiará el valor de esta frase–, sin el cine.
Es fácil comprender que un fenómeno tan importante encierra dentro de sí la pluralidad (hay más de un cine) y la diversidad (hay muchas formas de cine). El cine es una manifestación artística y una industria; un medio de comunicación y un negocio; un instrumento de divulgación de conocimientos y aprendizajes con funciones formadoras, educadoras y un entretenimiento que no renuncia a recurrir a lo más vulgar y hasta degradante (Jarne, 2002,7). Reconocidos directores nos ayudan a comprender esta diversidad que detectamos –sin ánimo de ser exhaustivos– en la brutal sinceridad de Francis Ford Coppola
[2], el compromiso social de Ken Loach
[3], el sentido de la narración intensamente dramática de Alfred Hitchcock
[4], la transmisión de proximidad y calor humano de Jean Renoir
[5], la búsqueda de un mundo diferente donde la comunicación y el entendimiento no sean utopías de Luis Buñuel
[6], el deseo de educar de Eric Rohmer
[7], o incluso el mundo de la imaginación y la fantasía de Walt Disney
[8]. Pocas veces pensadores y artistas han tenido a su alcance un medio tan poderoso para transmitir sus proyectos y anhelos a condición de conseguir el apoyo de un productor o, lo que viene a ser lo mismo, la aceptación del público, del mercado mundial. Y, cuando éste se logra, el cine resucita el gran milagro que alcanzaron algunas tragedias griegas: convertirse en un espacio donde la sociedad se habla, se escucha, se reflexiona, se critica, se acepta, se premia o se castiga por la vía interpuesta de los actores, de los protagonistas, de los personajes que actúan, luchan y desencadenan en representación nuestra.
¿Pero qué tiene el cine para lograr lo que tan esquivo resulta a pensadores, artistas, educadores, moralistas o políticos? Digamos, en primer lugar, que el cine es divertido, atractivo, fascinante hasta conseguir las máximas preferencias como de forma tan gráfica lo ha recordado Cabrera Infante
[9]. El cine es capaz de imantar a un mundo irreal, pero que estamos dispuestos a aceptar como verosímil, donde conecta con la emoción y los sentimientos, los miedos y los sueños más universales de las personas; lo mismo nos presenta la cotidianeidad más aterrizada que la fantasía más alejada de nuestras vidas; lo más común y lo más extraordinario; y nos permite reconocernos o transformarnos, adentrarnos en un proceso de identificación o de rechazo, analizarnos o soñar. Para ello se vale de la imagen con la que consigue llegar a todas las personas aunque de forma distinta y con un mensaje que se recibe diferente por parte de cada espectador, un mensaje que permite a cada cual individualizarlo y adaptarlo a sus características, necesidades y deseos. No hay duda de que la imagen –especialmente cuando se proyecta en una sala a oscuras donde todo está pensado para que su influencia desde la gran pantalla se convierta casi en irresistible– posee una fuerza comunicativa directa; una imagen a la que se ha dotado de algo tan vinculado a la vida como el movimiento y a la que se ha enriquecido con sonido, música, palabras, efectos especiales, silencios....; una imagen a la que se potencia con todas las técnicas y artes, incluso innovadoras; una imagen que se nos presenta como espontánea pero que ha sido sabia y artificiosamente manejada –y hasta manipulada– para incrementar su eficacia. Pero a pesar de su dominio, de su tiranía y hasta de sus engaños, las personas quieren ver cine porque, como siempre ocurre con el arte, a través de él reciben un impulso para ver su existencia más allá de lo conocido y establecido, para confiar en que la vida, como el arte, puede ser una labor de creación y libertad más que un destino, para acercarse a todo lo humano e incluso vivirlo vicariamente a través de los personajes: la risa y la tristeza, la compasión y la crueldad, el gozo y el sufrimiento, la virtud y el vicio, el valor y el miedo, el heroísmo y la cobardía, la nobleza y la ruindad, la inteligencia y la estupidez, el éxito y el fracaso, en definitiva, toda el ansia que llevamos dentro las personas de superar cualquier límite y de aspirar, al menos, a conocer todo lo humano. (Casanova, 1998, 75; Moix, 1995, 2001a, 2001b y 2002)
[1] El contenido de este capítulo está tomado, con modificaciones, del texto elaborado por PEREIRA DOMÍNGUEZ, Mª C. (2003) El cine, nuevo escenario de la educación. En ROMAÑÁ BLAY, Mª T. y MARTÍNEZ MARTÍN, M. (Edit.): Otros lenguajes en educación. Barcelona. ICE-Universitat de Barcelona, pp. 101-105. Y PEREIRA DOMÍNGUEZ, C. (2005): Los valores del cine de animación. Propuestas pedagógicas para padres y educadores. Barcelona, PPU, pp. 19-34; 205-207 y 241-251.
[2] -“Matar es nuestro negocio y nuestro negocio va bien”. Francis Ford Coppola (www.imdb.com/Name?Coppola,+Francis+Ford-52k)
[3] “Yo creo que hay que contar historias que merezcan la pena contar. Un buen punto de partida es que todas las personas tienen derecho a una vida digna, desde la cual puedan contribuir a su propia sociedad y que no sean marginados, ni excluidos. Todo el mundo tiene derecho a contribuir a la sociedad a través de su trabajo, pero esto no significa que se les explote”. (“Derechos Humanos y Cine”. Documental. En Canal Plus, Madrid, 1998)
[4] “Rodar películas significa para mí, antes que nada, contar una historia. Esa historia puede ser inverosímil pero nunca debe ser banal. Es preferible que sea dramática y humana. El drama es una vida de la que se han eliminado los momentos aburridos. Después la técnica entra en juego y, en esto, soy enemigo del virtuosismo. La técnica se debe añadir a la acción. No se trata de colocar la cámara en un ángulo que provoque el entusiasmo del operador jefe. La única cuestión que me planteo es saber si la instalación de la cámara en tal o cual sitio dará a la escena su fuerza máxima. La belleza de las imágenes, la belleza de los movimientos, el ritmo, los efectos, todo debe someterse y sacrificarse a la acción”. Alfred Hitchcock (www.bfi.org.uk/nationallibrary/collections/bibliographies/hitchock.pdf)
[5] “Lo que para mí cuenta no es hacer una obra perfecta, sino tender un puente para el contacto humano”. Jean Renoir (www.univ-nancy2.fr/renoir/-4k)
[6] “El cine ha de dar capital importancia a los problemas fundamentales del hombre actual, pero no considerado aisladamente, como caso particular, sino en sus relaciones con los demás hombres. De esta forma entran en juego los valores (libertad, igualdad, solidaridad,...) no con objeto de que esa interrelación nos lleve a sufrir una condena en la que confluyen razas superiores, cadenas, marginaciones e ideologías primitivas de fascismos estúpidos e incoherentes, sino con la intención de crear un mundo en el que por lo menos la comunicación y el entendimiento no sean utopías inalcanzables elaboradas por soñadores anacrónicos, sino realidades al alcance de la mano, por las que merezca la pena luchar. Unos valores, que por otra parte, jamás habrán de pasar de moda...”. Luis Buñuel (En González Martel, 1996, 21; Buñuel, 1973; 1993)
[7] “El cine es pedagogía a 24 imágenes por segundo”. Eric Rohmer
(www.cinemateca.bizland.com/Rohmer-entrevista.chtml)
[8] “El mundo de los dibujos animados es el de nuestra imaginación, es aquel en el cual el sol, la luna, las estrellas y todas las cosas vivientes obedecen a nuestras órdenes. Captamos un pequeño personaje con la imaginación y, si se pone reacio, lo suprimimos con un indiferente golpe de goma”. Walt Disney (En Yébenes, 2002: 145)
[9] “En mi pueblo, cuando éramos niños, mi madre nos preguntaba a mi hermano y a mí si preferíamos ir al cine o a comer con una frase festiva: ¿cine o sardina? Nunca escogimos la sardina”. (Cabrera Infante, 1997; 2000)
RIUSmaestro sin querer....
Rius 

El zamorano Rius es preciso, didáctico, imaginativo y valiente. Demasiadas cualidades para que lo soporte el autoritarismo de Díaz Ordaz, de seguro enfurecido ante el hecho mismo de La Garrapata. En 1968 Rius es frontal y sus caricaturas de la represión son memorables (algunas se incluyen en Los críticos del imperio). El resultado: el 29 de enero de 1969 Rius es secuestrado y conducido con los ojos vendados al Nevado de Toluca, en donde se le practica un simulacro de fusilamiento. "Salí vivo gracias a la intervención del general Cárdenas, pero el hecho nos aterrorizó a todos los moneros de la revista" (La Garrapata).
Rius a cien libros de distancia
La filatelia para cuerdos es el más reciente libro del tal Rius, alias "don Eduardo del Río", pero a la vez viene a ser el 100 volumen que publica este afamado maestro. Han pasado más de 40 años, desde que sus monos fueron sumamente saludables porque desolemnizaron una caricatura política dominada por dibujantes que eran retratistas muy finos, pero más tradicionales, como García Cabral, Freyre y otros que, al compás de la "Danza del sable", de Jachaturian, salían en el programa de televisión "Duelo de Dibujantes". Rius, por su parte y a su manera, retomó las vitriólicas premisas de Gabriel Vargas y les añadió una clara malicia política, así es que con él llegó un inesperado aire fresco, espontáneo, familiar, más pícaro y popular, precisamente por el desenfado y la soltura del dibujo, y por lo coloquial e irreverente de los textos. No le rendía culto a los cánones sino que manifestaba una mentalidad y un espíritu nuevos, distintos que, sólo después, con el paso del tiempo, se extenderían en nuestro país y alcanzarían a Rius, quien ha podido estar al día y vigente sin demasiado esfuerzo.
Con elementos más bien parcos, apoyado fuertemente en el texto escrito, donde entonces Rius fue volviéndose parte indispensable de la cultura mexicana. Yo me volví su lector empedernido, incurable, desde que, con el gran "gachupas" Gila, participó en La Gallina, la abuelita de El Chamuco, una revista satírica sumamente inteligente, ingeniosa y brava, insólita en aquellas asfixiantes épocas en que la censura y la policía del pensamiento eran atroces.
Después vinieron sus primeros libros de divulgación, con los que mostró que la historieta podía tener una gran penetración y que era capaz de cumplir una función decisiva, en el desarrollo de las nuevas generaciones. En medio de gracia, ingenio, didactismo y un discreto tono de mesianismo, nuestro michoacano, aunque también bastante morelense héroe, hizo accesibles las grandes ideas que configuraron los mitos de la izquierda de los años 60, además de que nos proporcionó información bien procesada y analizada. Cuando el interés por el contenido político se expandió a otras áreas, entonces divulgó el naturismo y el vegetarianismo, desde posiciones off-new age, o temas muy variados, no agraviando a la filatelia.
Rius ha hecho época con todos estos libros que, por otra parte, resultarán únicos, pues hacerlos no es nada fácil y no hay quién muestre la rara capacidad que él tiene para concebirlos y realizarlos. Además, precisamente por propiciar los mitos culturales, él también, poco a poco, fue adquiriendo su propio rango mítico en nuestro país.
Los supermachos, primero, y Los agachados, después, por su parte son piedra angular de la historieta de un México que aparecía en su condición rural y con los viejos prototipos, pero ya con cobija eléctrica. Como Diego Rivera, otro gran monero, Rius puso por delante al indígena y mostró su inteligencia, malicia y penetración, una especie de Tezcatlipoca de acá abajo. También sostuvo una batalla muy edificante contra el sistema cuando respondió al despojo de Los supermachos con la creación de Los agachados y después, en los 70, cuando La Garrapata resistió y denunció valerosamente la censura, a la vez que la nueva revista se volvía el campo de práctica de tiro de muchos moneros jóvenes.
Y ahora, mis cuates, en estos oscuros y ciertamente densos tiempos hay que entrarle a El Chamuco, cuyo potencial de devastación es de alcances incalculables. No es creíble lo que hacen, el tino, la precisión y la oportunidad con que tratan a los gangsters que nos gobiernan. Y por otra parte, El Chamuco nos permite ver que, nuevamente, ahora en los 90. Rius puede alternar tranquilamente con generaciones más jóvenes, las de los gruesísimos "El Fisgón" y Patricio, y de Jis y Trino, que no cantan mal el cyberpunk. Todo esto manifiesta juventud de espíritu y un gran ánimo de participación.
Rius se ha conservado vigente, renovado, filósofo como machete sureño y en plena actividad. Hace poco pude ver su exposición que recorre el estado de Morelos, aprecié su trabajo más artístico y su inventiva y constaté que el maestro se encuentra entero y en plena acción. Ahora me da mucho gusto felicitarlo por su libro número cien. ¡Cien libros, señoras y, en cierto modo, señores! Se dice fácil, pero, por supuesto, se requiere una vida, talento y determinación para dibujarlos, escribirlos, publicarlos y, además, tener éxito con ellos. Se requiere a un protagonista fundamental de la caricatura política y el cómic en México. Rius ha orientado, divertido y estimulado durante cinco décadas; ha sido clave en la formación de varias generaciones y, al menos a mí, no me es posible tener una visión justa del México del fin de milenio sin pasar por la obra del doctor Rius Frius. JOSE AGUSTIN
En una charla electrónica con los cibernautas de reforma.com, el célebre monero compartió que en pleno Siglo 21, su personaje Caltzontzin se ha visto encarnado en el subcomandante "Marcos" o en uno de los comandantes del EZLN, como podría ser "Tacho". "Porque a Caltzontzin yo lo concebía como un indio rebelde, y al mismo tiempo ilustrado e interesado en su país, y es lo que han resultado los zapatistas: rebeldes, interesados en su país, pero que están preparados. Ahí está Caltzontzin, mi personaje favorito, haciendo su lucha todavía".
Sobre su visión del México actual, este genio del dibujo, quien ha sabido combinar la historieta con el humor cáustico y crítico, opinó que aun cuando en apariencia el país ha cambiado sobremanera en los últimos 40 años, ha sufrido en realidad un retroceso. "Seguimos siendo el mismo país atrasado, donde sigue habiendo mucha injusticia; el mismo país que empece a conocer y a criticar en los años 50, y hemos retrocedido al año de 1939 considerando los salarios, los precios, el número de desocupados".
A pesar de que en su nuevo libro buscó recopilar las "malas palabras" que se utilizan en los diversos países de Latinoamérica, "Rius" aseguró que él muy rara vez las utiliza. "No soy partidario de usar las malas palabras; sé usarlas porque finalmente es la manera en que hablamos todos, pero como vivimos en una sociedad hipócrita, en las oficinas, en los bancos, se utilizan todas las palabras del mundo, menos ésas, y de repente, la misma gente dice malas palabras en su vida privada".
El caricaturista cuenta que, en un principio, esta obra iba a titularse El libro de las chingaderas,, pero como se pretende distribuirlo en todos los países de América Latina, no se hubiera comprendido el significado de tal título, además de que una palabra puede resultar un insulto en uno, mientras que en otro es de uso cotidiano.
"Yo creo que es un libro muy divertido, pero creo que también va a ser muy instructivo y educativo para mucha gente, sobre todo para quienes tienen que estar en contacto con otros países de América Latina. Creo que le va a servir mucho a los periodistas, a los agentes viajeros para que no ofrezcan cajetas en Argentina... Es un libro que yo inscribo dentro de la lucha por la libertad de expresión", expresó el dibujante cuya historieta Los Súpermachos empezó a asustar al Gobierno, según Del Río, por su postura de denuncia y crítica, hasta que se acercaron al editor para ofrecerle dinero y contrató a otros dibujantes que le "enfriaran" el tono a la revista.
De acuerdo con "Rius", no existe aún en México una plena libertad de expresión, ya que todavía en los medios, sobre todo en la televisión, existe un control "ridículo" de temas y hasta de personajes. Sin embargo, aclaró que a pesar de ello sí ha habido ciertos avances.
"En relación con el tiempo cuando yo empecé a hacer caricaturas, era imposible dibujar a una mujer con los senos al aire, o hacer un chiste sobre el Presidente o un Secretario de Estado. En comparación con esos tiempos, lo que se está diciendo ahora en la prensa, en la radio, las caricaturas que se publican actualmente, sí me hacen pensar que hemos conquistado mucho. No quiere decir que nos hayan regalado nada, sino que nos lo hemos ganado".
Sobre su postura ante la homosexualidad, respecto de la cual hizo varias historietas en el pasado, el humorista --como se califica a sí mismo-- manifestó: "A lo mejor hice chistes demasiado contrarios a los homosexuales, pero no era como un rechazo a ellos. Estaba de moda el burlarse de los homosexuales. Yo cambié mi manera de pensar; tengo muchos amigos homosexuales. Caí en la cuenta de que son seres humanos iguales a nosotros".
Pero su postura respecto de la Iglesia católica sigue siendo la misma, pues la considera la institución más nefasta que ha creado el hombre a lo largo de la historia.
En cuanto a su oficio de caricaturista, mencionó que tanto el mexicano Abel Quezada como el estadounidense Saul Steinberg son sus "padres" en este arte, y ahora él se ha convertido involuntariamente en el guía de generaciones recientes. "Tengo que reconocer con tristeza que ya son tres generaciones de caricaturistas que dicen que yo los he inspirado, y me da un poco de tristeza que me echan la culpa de muchas cosas".Por REDACCIÓN/ Reforma
CRONICA "En lo único que he cambiado es en las arrugas": Rius
Como si fuera un personaje más de sus historietas, Eduardo del Río, mejor conocido en el mundo de los moneros como Rius, fue víctima de un homenaje por parte de sus compañeros. Venidos de tierras lejanas lo acompañaron en su dolor Fontanarrosa y Sergio Aragonés, quienes pusieron el desorden al hablar en serio, porque los hijos del averno Helguera, José Hernández, Patricio y El Fisgón mostraron sus dotes de guionistas y arrancaron las carcajadas del homenajeado al hacer su retrato hablado. Eso sí, todos coincidieron en que Rius es el papá de los moneros, de las generaciones que llegaron después, de los que crecieron y se educaron con él. Sus contemporáneos lo respetan (a veces) y como dice Fontanarrosa, “la historia del mundo se va a escribir antes de Rius y después de Rius”. Al finalizar el homenaje, tras salvar los tumultos que pedían un autógrafo o un dibujo, el autor de Los Supermachos, Los Agachados, del Caltzóntzin distorcionados por Alfonso Arau (con quien no le quedaran granas de trabajar) y de gran cantidad de libros, ofreció una breve entrevista para CRÓNICA. -¿Acaba de plantear su retiro? -Sí pero parece que no lo aceptaron. No es que me quiera retirar de la caricatura, es algo de lo que nunca me voy a poder alejar, es mi vida, pero sí del trabajo que es pesado. Voy a seguir en la revista pero con menos participación. -¿Y en cuanto a los libros? -Es a lo que me quiero dedicar con más intensidad, con más tiempo, preparar mejor los libros y si hay chance, pintar un poquito. -¿Cuántos años lleva Rius en la caricatura? -Pues ya llevo 42 años, como quien no quiere la cosa. Creo que ya son muchos, ya lo siento así, no es que esté cansado pero llega un momento en el que uno se repite demasiado, además de que la calidad de los que están en competencia con uno es mayor, siento muy difícil que yo pudiera dibujar como Helguera, por ejemplo. -¿Se siente rebasado por los nuevos moneros? -En algunos aspectos sí, porque ya no tengo el mismo entusiasmo que tienen ellos ahora, en eso sí me siento rebasado completamente. Como que ya le ando pegando un poco a la retirada -¿Como le ha ido con La Biblia, esa linda tontería? -Bien, afortunadamente está jalando bien, aunque la han prohibido en muchas partes y a lo mejor eso nos ha servido bastante. -¿Cuáles partes? -Como en mi santa tierra, Zamora, Michoacán, me informaron que desde el púlpito condenaron al libro, lo cual me dio mucho gusto, le voy a pasar una “corta” al padrecito que hizo eso, pues sirvió para que la gente lo fuera comprar a Guadalajara o a otros lugares. Tampoco en algunas cadenas de autoservicio lo han querido vender, como en las tiendas Sanborn’s, por ejemplo. Así que a Don Carlos Slim le mando una regañada; de plano no se vale que haya censura de libros a estas alturas del siglo XX. -Acaba de regresar de España, ¿a qué fue? -A algo muy relacionado con el cómic, a dar unos cursos de verano a la Universidad de Cáceres, en donde estuve acompañado de otros colegas de ahí y latinoamericanos. Fue muy interesante porque analizamos el cómic en estos tiempos de crisis en todo el mundo y aprendimos bastante. -Aquí todos le llaman “maestro”, ¿qué pasa en otras partes del mundo? -Afortunadamente no me llaman “maestro”, pero en varias partes de América Latina sí me consideran como padre de muchos de ellos, claro que un padre involuntario, desde luego, y me da mucho gusto que mi trabajo haya servido de algo. -Cuando empezó a escribir libros, ¿pensó en hacerlo con una finalidad educativa? -En parte sí, porque yo sentía que en los medios de difusión no se hablaba de los temas que yo quería abordar, como el caso de Cuba, por ejemplo. Cuando yo publiqué ese libro nadie hablaba de la isla, o hablaban pero para calumniarla, y con todos estos temas religiosos a los que he recurrido bastante en mis libros pasa igual, son temas que aunque interesan a muchos, jamás se habla de ellos en nuestros medios, no sé por qué. -¿Qué ha cambiado del Rius de Los Supermachos hasta ahora? -Pues las arrugas. También hay más colmillo, pero existe el mismo gusto por la caricatura y la historieta que ha sido parte de mi vida. Sin ellas no sé qué hubiera hecho. -¿Cuál es su próximo libro? -Estoy en la etapa de recolectar material, sobre todo material gráfico para la segunda parte del libro de La Biblia..., que estará relacionado con eso que se llama el Nuevo Testamento; el mío se llamará El Evangelio Según San Garabato n. Rocío Macías

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